
Un estudio del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la UBA sostiene que la no actualización del Índice de Precios al Consumidor (IPC) habría derivado en una subestimación de la inflación real y, en consecuencia, en una caída más pronunciada de los salarios. El documento también analiza las razones detrás de la reciente resistencia del proceso desinflacionario y advierte sobre factores internos y externos que podrían complicar su continuidad.
El trabajo, al que tuvo acceso Tendencia de Noticias, parte de una crítica metodológica: el IPC vigente continúa basado en patrones de consumo relevados hace más de dos décadas. “El índice de precios al consumidor -IPC- se utiliza para medir la inflación y se construye midiendo la evolución del costo de adquirir una canasta representativa de bienes y servicios. Dicha canasta surge de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares -ENGHo- realizada por el INDEC en 2004-05”, señala el informe, y recuerda que “para contemplar los cambios posteriores en los patrones de consumo, esta canasta iba a ser actualizada por un relevamiento de 2017-18”, aunque finalmente “el gobierno anuló la actualización, manteniendo la versión previa”.
A partir de esa base, los investigadores recalcularon la inflación utilizando ponderaciones más recientes. “En caso de haberse actualizado el índice, habrían ganado relevancia los servicios de la vivienda y el transporte”, explican, subrayando que estos rubros incluyen tarifas y combustibles. En contraste, “los precios cuyo peso más habría caído son los alimentos y bebidas y restaurantes y hoteles, que no surgen de decisiones del gobierno”.

El impacto de este cambio metodológico no es menor. Según el documento, “la inflación con ponderadores nuevos habría sido mayor a la registrada” en años recientes con fuertes subas de precios regulados. Por ejemplo, “en 2024 pasando de 118% a 126%”, mientras que en 2025 “estimamos que con ponderadores nuevos la inflación habría sido 33% en lugar de 32%”.
Esta diferencia, aunque acotada en términos porcentuales, tiene efectos concretos sobre los ingresos. “Estos cambios, aunque pequeños, incrementan el deterioro reciente de los ingresos reales”, advierte el informe, y detalla que “la caída respecto del promedio del primer semestre de 2023 pasa de -10% a -13%”. El deterioro es más marcado en algunos sectores: “los salarios del sector privado habrían casi duplicado su caída (siendo -7% en lugar de -4%), y los del sector público habrían caído -24% en vez de -21%”.

El estudio también plantea que una actualización del índice habría tenido efectos colaterales. “El cambio a un nuevo índice también podría haber generado inflación adicional”, sostiene, aludiendo a mecanismos de indexación como alquileres o instrumentos financieros ajustados por inflación, que podrían haber amplificado los aumentos.
Más allá de la discusión metodológica, el informe pone el foco en el comportamiento reciente de los precios. “Actualmente, la inflación se mantiene en la zona del 2-3% mensual desde hace más de un año, en lo que parece un estancamiento en el proceso de desinflación”, indica, pese a que variables clave como el tipo de cambio y los salarios no muestran presiones equivalentes.
En ese sentido, los autores señalan una “disociación temporal” entre inflación y sus determinantes tradicionales, lo que obliga a buscar nuevas explicaciones. Entre ellas, destacan el impacto de los servicios públicos: “los servicios subieron 46% interanual en marzo, trepando alrededor de 10% en términos reales”, lo que no solo afecta a los precios regulados sino también a la inflación núcleo.

Otro factor es el efecto diferido del tipo de cambio. “La posterior aceleración inflacionaria podría denotar que este traspaso no fue acotado sino lento”, advierten, en referencia al pass-through de la devaluación. A esto se suma el comportamiento de algunos precios específicos: “el precio mayorista de la carne trepó 81% en 2025, colaborando a acelerar la suba general de precios”.
El informe también introduce la posibilidad de una recomposición de márgenes empresariales como motor inflacionario. “La inflación puede subir por encima de sus componentes de costos cuando se incrementa el margen de ganancias unitario”, indica, en línea con la evolución reciente de los precios mayoristas y minoristas.
En síntesis, los investigadores concluyen que “la suba reciente de la inflación podría deberse al incremento de dos precios relativos, uno por motivos sectoriales (la carne) y el otro por una decisión de política (los servicios públicos)”, junto con “una recuperación del margen de ganancias” y un traslado tardío de la devaluación.

Finalmente, el documento advierte sobre riesgos externos. “El conflicto bélico entre Estados Unidos e Irán repercutió directamente en el precio del petróleo”, elevando el barril de crudo y generando presiones inflacionarias globales que podrían impactar en Argentina. Si bien este escenario podría mejorar el ingreso de divisas, también “podría dificultar la desinflación”, en un contexto donde la estabilidad de precios aún muestra fragilidades.